miércoles, 10 de agosto de 2011

¿ES MALO EL SER HUMANO?

Rogelio Zambrana

Sobre el tipo de juicio. Un juicio necesita de un sujeto que juzgue y de un objeto juzgado. En el caso de juzgar al ser humano, claramente hay una identificación entre el sujeto y el objeto del juicio. Es el mismo ser humano que se juzga a sí mismo. Sin embargo, es un juicio válido, por la capacidad de objetivación de nuestra especie. Ser sujeto es ser objeto consciente de sí mismo. Dicha objetivación es nuestro cuerpo y su relación con el mundo.[1] Por ello, debemos preguntarnos, a qué tipo de juicio debemos referirnos cuando se trata de juzgar al ser humano. Un juicio físico se refiere a afirmar o negar las cualidades de un objeto de acuerdo a leyes universales. Un juicio moral ser refiere a juzgar los actos de un sujeto según valores o principios de comportamiento, que a su vez deben ser universales. Ambos tipos de juicio están intrínsecamente unidos. Es imposible desentender un juicio del otro. Cualquier juicio físico parte del conocimiento de nuestro propio cuerpo, materialización de nuestra voluntad. Sólo en relación a él, podemos juzgar cualquier objeto exterior. Y todo juicio moral parte del conocimiento de nuestra relación con el mundo. Por lo tanto, preguntarse por la maldad del hombre, no debe ser sólo un juicio moral, sino también, físico. No somos sujetos desencarnados. Esta relación la podemos ver en los siguientes ejemplos: ¿Es buena el agua? ¿Es malo mentir? En el primero, podríamos decir que no es ni buena ni mala, el agua es H2O simplemente, lo cual es falso. Sí tiene un significado moral. Por el mismo hecho de ser, podemos considerarla buena o mala, dependiendo de cómo juzguemos nuestra existencia. Mas, para nuestra sobrevivencia, es buena. En el segundo, se podría decir que sí, es malo mentir, porque rompe con los principios de la comunicación humana. Pero, puede considerársele como un mecanismo para la sobrevivencia en el caso en que esté en juego la vida. ¿Cuál es el límite de lo moral y lo físico, si ambos coinciden en que lo fundamental es la vida? 

Sobre qué es el hombre. De lo anterior se deriva que para juzgar al hombre necesitemos entender su naturaleza y los valores que resultan de ella. Aquí nos bastará lo dicho anteriormente: la vida. El ser humano se percibe a sí mismo, como mencionábamos, como objeto, aunque objeto inmediato a la conciencia: sujeto. Como sujeto entra en  relación con el mundo. La forma de percibirle es, primariamente, por los sentidos. La información brindada por los sentidos es formalmente percibida por la inteligencia, que por el principio de causalidad, que dice que todo efecto tiene una causa, llega a entender el cómo de los fenómenos. La inteligencia capacita al hombre para adaptarse al mundo. A partir del entendimiento de los fenómenos, el principio de razón faculta al hombre para formar conceptos. Los conceptos son abstracciones de fenómenos particulares relacionadas con otras para formar una abstracción general. Los conceptos o formas generales del conocimiento facultan al ser humano el juzgar. El ser humano es pues, el juicio de la vida. Entremos en el juicio.

Sobre la voluntad y la libertad. Si la percepción más inmediata es el cuerpo, lo inmediatamente percibido por él es la voluntad, el querer. El querer tiene su origen en la necesidad; y la necesidad en una excitación fisiológica. Por ejemplo: el hambre. Las necesidades son percibidas como motivos para la voluntad. Pero lo que determina la voluntad es, lo que Schopenhauer llama el carácter, que empíricamente interpreta los motivos. Los motivos están entre el carácter y la voluntad. ¿Dónde está la libertad? La libertad es una noción que se deriva del conocimiento inmediato de la voluntad. No es una libertad absoluta, sino empírica, formada por los diferentes motivos mueven nuestra voluntad. La libertad es la noción de elegir el motivo más fuerte.
           
Sobre lo necesario y lo innecesario. Recopilando. Somos seres que emitimos juicios, conocemos. Conocemos que queremos, pero no elegimos querer. Queremos por las necesidades que nos motivan para satisfacerlas y conservar nuestra vida. ¿Cómo nos hacemos malos? Esta es mi hipótesis: la maldad humana es querer lo innecesario. Lo necesario es vivir y vivir mejor en beneficio personal y de la especie. Lo innecesario se quiere cuando lo necesario causa insatisfacción; aunque, si causa insatisfacción, posiblemente no era exactamente lo necesario. Pero si de hecho, lo necesario causa insatisfacción, es porque lo necesario no cumplió con las expectativas; que se forman, cuando se conocen diversas posibilidades por razonamientos, imaginación o fantasía de satisfacer las necesidades. El saber que las necesidades pueden ser más que satisfechas posibilita el querer lo innecesario. Pero, ¿es malo el ser humano porque cree necesitar más de lo que normalmente puede satisfacerlo? ¿Así es su carácter, lo esencialmente formal de su voluntad? Si es así, el ser humano sí es esencialmente malo. 

Sobre la especie y el individuo. El informe sobre la riqueza global de Credit Suisse dice que el 10% más rico del mundo posee un 83% de la riqueza mundial, y de esos, solo el 1% acumula el 43% de la riqueza global. Al contrario, la mitad más empobrecida de la pirámide apenas acumula el 2% de las rentas totales. (MCC, 2011) ¿No es este un perfecto reflejo de que lo malo es querer lo innecesario? Que la riqueza del mundo esté en manos de unos pocos no significaría nada si todos tuviesen al menos lo necesario. Pero no es así. Para conseguir menos que lo necesario, más de la mitad de población es privada de lo que realmente le corresponde, porque un pequeño grupo se apropia de su trabajo y riqueza. ¿Le sirve de algo a la especie humana esta distribución de la riqueza? De por sí, una especie no sobrevive por el número de individuos, sino, por la cualidad de adaptarse al medio ambiente. ¿Son estos pocos ricos los que mejor se han adaptado? 

Sobre el carácter. Pasemos de la especie al individuo, y del individuo a la especie. El satisfecho puede ser feliz, mas el insatisfecho, está así porque busca la felicidad. A la especie le conviene la insatisfacción, porque así, ella se excita para mejorar su adaptación en el mundo. ¿Es el rico el más insatisfecho, el infeliz, el malo? Esencialmente, el germen del actuar de una o de otra forma está en el ser humano, es su carácter. Mas no es un carácter neutro movido por las circunstancias. Existe en él una predisposición o inclinación hacia el mal, a querer lo innecesario. Pero si se piensa en especie, ¿no es, precisamente por esto, que el ser humano es bueno?  
Ernesto Cardenal en su Cántico Cósmico, en la cantiga 27,  La danza de los millones, nos da la respuesta:

La selección natural ya no es válida con las armas nucleares. No puede controlarlas, armas nucleares, la selección natural. Misiles con inteligencia propia. Órbitas de satélites asesinos sobre nosotros. Y la orden de destrucción total ya está en las computadoras. El hombre de Neandertal con armas nucleares. El problema es: Carecemos de mecanismos biológicos para no matarnos. (Cardenal, 1989:317-318)
Sobre el equilibrio del mundo. La maldad del ser humano excedió el límite de lo que para la especie podría ser beneficioso. No hay dudas de la maldad del ser humano. Schopenhauer dice que, si no fuese por el miedo, la ira nos habría destruido, y si no fuese por la ira, el miedo nos volvería juguetes de la voluntad. (Schopenhauer, 1967:228) Él ve una relación entre la maldad y la miseria humana. Miseria por la voracidad de nuestros deseos. También, entre la ira y el miedo. Se verá –dice– que hay un equilibrio, la justicia eterna, el mundo y su propio tribunal, y se comprenderá que todo ha de expiar su existencia, primero en la vida y después al morir. (Schopenhauer, 1967:230) ¿Es la especie que necesita de los iracundos e insatisfechos, y de los miedosos y satisfechos? Así podríamos clasificar a los hombres. Sin embargo, no necesariamente los ricos son los insatisfechos e iracundos, y los pobres los satisfechos y miedosos. Con todo, son los insatisfechos e iracundos los que han ajustado el equilibrio del mundo, los que "mueven" a la especie.  

Sí, el ser humano es malo, tiene el germen de la maldad. Hasta que no perdamos el eterno equilibrio que habla Schopenhauer, la maldad no sólo conservará a la especie, sino que, la hará evolucionar: Porque, sorprendiéndonos siempre, aparece la honradez, la bondad y hasta la generosidad, así como la gran inteligencia del espíritu que piensa, el genio… (Schopenhauer, 1967:231).

Bibliografía:

  • Cardenal, E. (1989). Cántico cósmico. Managua: Nueva Nicaragua.  
  •  Movimiento Cultural Cristiano (2011). Aumenta el robo a los empobrecidos. Revista Autogestión. Nº. 87. Madrid: pág. 3.
  •  SCHOPENHAUER, A. (1967). El amor, las mujeres y la muerte: Mateu: Barcelona.
  •  SCHOPENHAUER, A. (2007). El mundo como voluntad y representación. Mestas: Madrid.


[1] Cfr. El mundo como voluntad y representación de A. Schopenhauer, libro I y II.

1 comentario:

bea Pleites dijo...

Tal vez lo más rescatable sería la esperanza de poder ser agentes de cambio.
Las personas viven su vida viendo por el interés propio, y si, lo veo claro la ¨maldad por naturaleza¨ del hombre, pero entonces, ¿Por qué se siente bien el ayudar a alguien?
Pienso que somos tan ¨malos¨ como nos permitamos ser.