lunes, 2 de agosto de 2010

CÓMO IDENTIFICAR A UN CODEPENDIENTE Y PODER AYUDARLO EN ALGO



RESPALDADO EN EL LIBRO, YA NO SEAS CODEPENDIENTE, DE MELODY BEATTIE
Por Rogelio Zambrana
Quizás en tu vida has encontrado personas controladoras, manipuladoras, indirectas, molestas, y a la vez, atentas y serviciales; muy probablemente esas personas son codependientes. En este ensayo daremos pautas para identificar a personas así, con el afán que nuestro trato con ellas sea más comprensivo, y a la vez, si se puede, ayudarles en algo. Pero sobretodo, está escrito para que vos te des cuentas si eres un codependiente, y cómo enfrentarlo.
Dar un concepto acertado de codependencia es muy difícil, porque existen tantos matices de codependencia como codependientes hay. No hay un modelo de codependiente fijado y absoluto. Sin embargo, hay una conducta que se repite en cada codependiente: el permitir que la conducta de otra persona lo afecte y, que está obsesionada con controlar la conducta de esa (misma) persona. (Beattie, 1992: 56) En otras palabras, la persona codependiente es en cuanto necesita de una persona dependiente. Muy a menudo, la cercanía de un dependiente de alcohol o de drogas o cualquier otra dependencia, crean codependientes a su alrededor. ¿Qué sucede para que se dé esta conducta? El dependiente o adicto te persuade, te atrapa, crea lástima y voluntad para que le ayudes, y esto resulta mucho más fácil si esa persona es familia o amigo. Lo más común es que los casos de codependencia se den en las familias que tienen un miembro dependiente a alguna sustancia.


El problema se desarrolla en cuanto el codependiente explaya su conducta no solo hacia el dependiente, sino hacia todos. Dicho de otro modo, el codependiente se vuelve dependiente de ciertas conductas que aprendió en el trato con dependientes, y no tanto ya solo de un dependiente. Es por ello que el codependiente es como es, también en el trato con no dependientes, porque desarrolló la conducta. Por ello se considera la codependencia una enfermedad, porque es progresiva, y a la vez, una conducta general, no solo de un caso particular.
Ahora bien, la codependencia no tiene que ser necesariamente intensa. Y tampoco implica siempre experiencias con personas gravemente perturbadas. (Beattie, 1992: 46) El codependiente se gesta y se va desarrollando poco a poco. Penelope Russianoff dice que en la mayoría de las relaciones está presente cierta cantidad de dependencia emocional, aún en las más sanas. (Beattie, 1992: 141) Desde esta perspectiva, todos estamos propensos a volvernos codependientes. De forma más realista, todos tenemos conductas de codependencia. Alguna vez hemos tenido la experiencia de querer controlar a alguien, de manipularlo, y de enojarnos con él cuando no ha obedecido; y luego, sentir sentimientos de culpa por habernos comportado así con dicha persona. Pues bien, luego de ver cómo se forma un codependiente y que todos estamos propensos a serlo, a continuación veamos lo que un codependiente hace.


Los codependientes pueden pensarse y sentirse responsables de otras personas, de los sentimientos, pensamientos, acciones, elecciones, deseos, necesidades, bienestar, malestar y destino final de ellas. Esto le hace sentir ansiedad, lastima y culpa, sentirse obligados a ayudar. También, llegan a sentirse molestos cuando la ayuda no es eficaz, sentirse aburridos, vacíos y sin valor si no tienen un problema que resolver o a alguien a quién ayudar. Desarrollan baja autoestima, empiezan culparse a sí mismos por todos e indignarse y ponerse a la defensiva; sentir vergüenza y sentirse víctimas. Llegan a conformarse con sentir que los necesitan. Tratan de controlar los sucesos y a la gente mediante su desamparo, sentimientos de culpa, coerción, amenazas, manipulación, dominio, o su afán de dar consejos. Buscan desesperadamente amor y aprobación: a menudo buscan amor de gente que es incapaz de amar, relacionan el amor con el dolor, suelen ser extremadamente responsables, pero también extremadamente irresponsables. (Cfr. Beattie, 1992: 65-76)
Una de las características que más llama la atención, que más reincide y que está en el fondo de toda codependencia, es que el codependiente duda de la capacidad de cuidarse a sí mismo (Beattie, 1992: 17). Ese poder darse, ofrecerse en “cuerpo y alma”, totalmente a otra persona o situación ajena, y no poder consigo mismo, es una gran ironía. De éste detalle se puede observar el grado de desorden mental a la que ha llegado el codependiente. De alguna manera parezco perderme a mi misma en otras personas decía una codependiente. Pues bien, desde este punto medular se debe comenzar a tratar a un codependiente. En otras palabras, el núcleo de la recuperación no está en la otra persona... está en nosotros mismos.


Luego de haber identificado a alguien codependiente, qué herramientas debemos utilizar con ellas para ayudarlas. Si logramos identificar conductas codependencias en nosotros mismos, ¿en qué consistirá nuestra recuperación? Consistirá en un constante tomar conciencia de que cada persona es responsable de sí misma.
La recuperación no es difícil, es sencilla, pero sí, necesita de mucha fuerza de voluntad, y de actitudes positivas hacia la vida. La recuperación es un camino excitante, un regresar a la vida. Los beneficios se notan al instante, aunque como decía anteriormente, es una actitud que se tiene que mantener fuerte. Melody dice al respecto que la recuperación de la codependencia es emocionante, liberadora, (porque) nos permite ser lo que somos, (y) permite ser a los demás, ser como son. (Beattie, 1992: 79) Entonces, lo primero y máxima recomendación, es el separarnos del dependiente, o de las situaciones de dependencia que nos hacen comportarnos como codependientes. De esta forma ayudamos también al dependiente, porque a menudo es un circulo vicioso el que se forma entre ambos. Y cuando uno deja de ejercer su papel, el otro muy posiblemente le seguirá. Entonces, no podemos empezar a trabajar sobre nosotros mismos, vivir nuestra propia vida, sentir nuestros propios sentimientos y solucionar nuestros propios problemas hasta que no nos hayamos separados de nuestra obsesión. (Beattie, 1992: 83) Dicho de otra forma, debemos desapegarnos, liberarnos. No significa que seamos indiferentes y rechacemos a las personas dependientes, sino que por amor a ellos, y a nosotros mismos, nos creamos nuestro propio espacio de recuperación. Desapegarnos, es liberarnos o apartarnos de una persona o problema con amor. (Beattie, 1992: 90) Incluso, si es necesario, debemos separnos aunque nos cause enojo, porque es preferible odiarnos que permanecer apegados, ya que el odio es una forma de amor, una de sus múltiles caras.


La manera más rápida de volvernos sanos y felices es atender nuestros propios asuntos, y dejar a los demás lo que es su responsabilidad. Debemos honrar nuestra vida, que es única; vivir auténticamente, desde nuestras más profundas convicciones y sentimientos. Para ello requerimos de una enorme independencia e integridad. Actitud que se logra calar a fondo, cuando nos predisponemos con honestidad, apertura y voluntad de intentarlo cuantas veces sea necesario. Ayuda mucho que desarrollemos nuestros dones y talentos, confiemos en nosotros mismos, seamos asertivos. (Beattie, 1992: 176) Entre otras ideas: hacer de todo una meta, omitir los deberías de; al menos librarnos del 75%; no limitarnos; no preocuparnos, ni ocuparnos del hacer, de cómo hacerlo, cuándo, si... y que tal sí. (Cfr.Beattie, 1992: 240) Y no olvidar que el tiempo apremia, que está de nuestro lado, mientras más tiempo pase más se fortalecen en nosotros nuestras nuevas actitudes. El tiempo es nuestro aliado. Esperar puede ser muy, muy poderoso el tiempo, el tiempo es una cosa valiosa. (Beattie, 1992: 243)
Bien, esto que es sencillo, tiene sus dificultades que pueden provocar un estancamiento o retroceso en el proceso de recuperación. Entre otras cosas está el tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima. Cuando te separes de la persona dependiente o de la situación de dependencia, te ignorarán y posiblemente te rechazarán, pero que eso no te haga perder la cabeza. No tenemos que tomar el rechazo como el reflejo de nuestra autoestima. (Beattie, 1992: 101) Quizás llegues a sentir culpa y vergüenza, que es normal. Pero estas no las debes tomar como absolutas, ni mucho menos mantenerlas a largo plazo. Los sentimientos no son el principio ni el fin del vivir. Los sentimientos no deben controlar ni dictar nuestro pensamiento… (Beattie, 1992: 101) Lo que no significa que debemos ignorar nuestros sentimientos, sino más bien, prestarles una atención más profunda. Nuestro sentimientos son indicadores momentáneos de cómo nos sentimos en el momento, nos señalan el camino hacia dónde debemos dirigirnos. En el caso de la vergüenza y la culpa, hacia un querer reconstruir nuestra vida, pero no de la forma en que hemos venido haciéndolo, sino desde un cambio significativo. En la situación de codependencia, desde el hacernos responsables de nosotros mismos, dejando a los demás lo que le corresponde a ellos como seres libres.


Quiero terminar diciéndote que mientras vos cambiés, quieras sanarte de esta enfermedad, de la codependencia, y lo hagas efectivo, sólo así podrás ayudar verdaderamente a esa persona o situación que tanto te mantiene atento. La salud engendra salud. Si empezamos a trabajar sobre nosotros mismos, nuestra buena salud pueda aguijonear a otras personas del mismo modo que su enfermedad nos aguijonea a nosotros. (Beattie, 1992: 243)
Bibliografía



- Beattie, M. (1992). Ya no seas codependiente. México, D.F.: Promexa/ Hazelden Foundation.




2 comentarios:

Darío dijo...

muy buen articulo!!

Anónimo dijo...

No sabes cómo me has ayudado. Muchas gracias, ya descargué el libro de Bettie y voy a leerlo. Gracias, Dios te bendiga.